martes, 12 de junio de 2012

Ejemplo de vida

Si bien es difícil encontrar a alguien que te pueda enseñar lecciones de amor, yo encontré a alguien de casualidad que me enseñó mucho más que eso preocupándose por educar a niños de la calle. Permítanme compartir con ustedes una entrevista que hice a un gran personaje dentro de Chorrillos hace como un año y medio.

UN ÁNGEL CAÍDO EN CHORRILLOS

Llegué a su casa invitada para conversar y empezar mi entrevista a las 9:30 a.m.
-¿Cómo está señora Lupita?-con mucho cariño pregunté.
Ella me contestó que recién llegaba de su turno noche en el centro de atención residencial del Inabif, cerca de su casa. Deduje por su cabellera algo despeinada que se había echado una corta siesta antes de que yo llegara. Ella invitó a sentarme y empecé a explicarle como sería la entrevista.
Niños sanos y niños diferentes
Para  no agotarla, le anticipé que ésta sería solo una primera parte, luego le haría otra visita si me lo permitía. Me contó que la primera motivación para trabajar como lo que hoy es, educadora integral, fue la de mantener a sus pequeños siete hijos.
Pero después de muchos años y con un título de enfermería y una certificación en educación inicial me convence que es solo su vocación la que le ha permitido desarrollar su más grande pasión: educar y readaptar a niños y adolescentes. Agregó -“trabajo con niños sanos, niños psiquiátricos, niños neurológicos y niños con habilidades especiales”-.
Carrera ad honórem
Apareció en escena la única nieta que vive con ella para darle un beso, y con la ternura que sólo expresan las abuelas, mi entrevistada de ojos verde esperanza le pidió que regrese después.
 Alguna vez conversé con la señora Lupita y me confesó que después de 10 años laborando en el Inabif, éste hizo una convocatoria para las educadoras que deseaban tener una carrera profesional y poder convalidarlo con sus horarios de trabajo, es decir, trabajar ad honórem, ella aceptó de inmediato. Me cuenta que mucha gente no confiaba en que podría hacerlo porque aún tenía hijos pequeños y nadie la ayudaba en su casa.
La admiré mucho más cuando lo relató, creo que es la mayor de las razones por las cuales la  escogí a ella como entrevistada.
Un niño difícil
Existen muchos casos duros de tratar en los albergues, uno de ellos es César Jaramillo, un niño de 12 años que vivía encerrado en un cuarto, lo cual no le permitía desenvolverse como un niño normal, él está físicamente sano  pero moral y emocionalmente es un niño que necesita mucha atención como un bebé,  pues no sabe caminar, no sabe comer en la mesa, no sabe correr como un niño debido al abandono total de sus padres.
La señora Lupita trató al niño con mucha paciencia pero no se imaginó que él le tomaría tanto cariño, incluso la llamaría Mamá Lupita, pues nadie le tomó tanta atención en su vida. Ella lo fue reformando poco a poco como un niño sano, pero los días que descansaba la mamá Lupita, él hacía mucho berrinche, tanto así que debían ubicarla por lo menos por teléfono para que César se calme.
En la primera reunión que tuvimos me dijo –“uy, a veces cansa”- pero su rostro no ocultaba la sonrisa satisfecha que le brinda su profesión.
Mujer independiente
Ella nació el 28 de julio, y le prometí que resaltaría ello porque su gran coraje es lo único que le ha valido para seguir ante grandes obstáculos en su vida, como la falta de apoyo del padre de sus 7 hijos, y de algún familiar pues siempre viajaba entre Arequipa y Lima muy sola con sus 7 niños.
Por todo lo que conversamos ella demuestra a sus 60 años, gran placer con sus aventuras de madre y educadora integral. Pero me atrevo a descifrar un acertijo con su mirada encantadora, la cual me dice que el amor de pareja nunca fue prioridad en su vida, pues el amor maternal que le dieron sus hijos reemplazó y cubrió grandes expectativas como toda una mujer independiente.
Satisfecha con la vida
Su meta inmediata es hacer un curso para poder nombrarse y recibir su jubilación como se lo merece.
Viene a mi mente una frase de Ernest Hemingway: Siembra un árbol, escribe un libro, ten un hijo y haz feliz a un perro. Yo le pregunté -¿qué la faltaría hacer a usted para poder irse en paz? Y ella muy calmada, me contestó -“He pasado por todo, he cumplido con todo lo que me tocó”.



Alesiy

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